
El mundo de los títulos es sorprendente y diverso: los hay largos, como esa novela de Gabriel García Márquez llamada La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1977), cuya adaptación al cine por suerte lo simplificó y lo dejó en Eréndira.
Y también los hay muy, muy largos, como el Libro del muy esforçado e inuencible Cauallero de la Fortuna propiamete llamado don claribalte q segu su verdadera interpretaciõ quiere dezir don Felix o bienauenturado nueuamete imprimido e venido aesta lengua castellana, el qual procede por nueuo e galan estilo de habla, de Fernández de Oviedo, militar español del siglo XV que dejó en herencia este título excesivo.
En el otro bando, algunos prefieren lo conciso, como el inglés Ian McEwan con títulos como Amsterdam (1998), Expiación (2001) o Sábado (2005), todos libros editados por Anagrama que hacen parecer a la recopilación de relatos del mismo autor, Primer amor, últimos ritos (1996), como un título realmente largo.