El mito del lugar ideal para leer

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“Retrato de Baudelaire”, 1848, Gustave Courbet

¿Es tu casa el mejor lugar para leer? ¿O acaso tu sitio preferido es un parque o una playa? ¿Quizás nada de eso, sino que un autobús repleto de gente?

Sean libros físicos o eBooks, ficción o no ficción, hoy en día, y tal cual en épocas pasadas, uno de los aspectos fundamentales al leer es elegir el sitio en donde se llevará a cabo la tarea. Es algo transversal a esta vida rápida y a aquella en la Antigua Grecia en que los filósofos y poetas se paseaban por la polis buscando un buen lugar para iniciar una lectura.

La lectura requiere de un trabajo conjunto de varias zonas del cerebro. El hemisferio izquierdo procesa información y palabras, a la vez que el hemisferio derecho se encarga de pensar los sentimientos y las imágenes, entre otras cosas. Así, mientras el hemisferio derecho capta una metáfora, el izquierdo se abstrae para capturar el tiempo de lo que estamos leyendo. Este trabajo en conjunto se logra gracias al cuerpo calloso, el enlace entre las dos áreas.

No es poco movimiento neuronal, ¿verdad? Lo importante es poder conciliar esta intensa actividad cerebral con el espacio que elegimos para la lectura.

¿Un lugar para leer? Afuera o adentro

De modo que para sondear cuál es el lugar ideal para cada uno, bueno es saber en primer lugar hasta qué punto llega nuestra concentración. Existen personas que pueden estudiar con el barullo de una televisión encendida o grupos de personas hablando alrededor y excelentes lectores que necesitan tranquilidad absoluta. El solo sonido del grifo puede trastocarlos.

Un parque, una sala de espera, la playa, un estadio de fútbol antes de que comience un partido, un banco libre en un paseo peatonal, el sofá preferido del salón o incluso caminando son muchos de los escenarios en los que las personas solemos leer. Parece que, como el instinto de supervivencia en la naturaleza, el instinto de la lectura se resiste a morir.

El rol del silencio

La lectura es cuestión de silencio y el silencio es cuestión de entorno, de ambiente, en fin, de donde estemos. Por eso, para algunos los momentos de calma son ideales para leer, como en la habitación antes de dormir al cobijo de la luz de mesita de noche, bajo el sol del verano o sí, en el baño. Porque no lo vamos a negar; no son pocos los que necesitan encarecidamente leer mientras están en el servicio.

En tanto, hay quienes pueden leer sobre el autobús o un carro de metro lleno. Más allá de los ruidos e incluso los paisajes que desfilan por la ventana, día a día cientos de personas sacan un libro en los largos trayectos en la ciudad y eligen activar en la lectura sus hemisferios cerebrales, aunque la tarea parezca difícil. Su actitud tenaz es admirable y tiene mucho de fuerza zen.

En el mismo sentido, la meditación también está relacionada con el silencio y al mismo tiempo es una de las actividades humanas que más se parecen a la lectura. Para practicarla, se requiere de silencio y también de enfoque, y aunque haya muchos pensamientos dando vueltas en las esquinas recónditas de nuestra mente, es justamente esta actividad la que permite silenciarlos para encontrar la paz en el presente, olvidando el pasado y el futuro. Porque la lectura también es cuestión del hic et nunc, o del “aquí” y el “ahora”.

Quizás haya mucho que aprender del entrenamiento de la conciencia a la hora de hallar la concentración para leer, porque a nadie agrada volver una y otra vez sobre el mismo párrafo o dejar un libro a la mitad.

¿Y tú? ¿Cuál es tu lugar preferido para abrir un libro o encender tu eReader?

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