
Como editor, puede resultar muy frustrante cuando cometes un error, a pesar de ese dicho que dice que un editor (en calidad de corrector) debe minimizar los errores al máximo, y no hacerlos desaparecer en su totalidad. Esto resulta casi imposible si consideramos que en toda área errar es humano, lo cual no quiere decir que perdamos de vista ese ideal.
Los libros son probablemente el bien cultural más preciado desde que existe la civilización, por lo que trabajar en hacerlos lo mejor posible puede resultar un desafío profesional que roza las capas sensibles, las emociones más profundas de las personas que trabajan en este ámbito.
Al hacer un libro nos ponemos enteros en la tarea, por lo cual existen métodos para sobrellevar los proyectos sin vacilar. Una de las armas más efectivas para evitar los errores —y a la vez la más lógica— es revisar una y otra vez los textos que se convertirán en libros.









