La lectura y la gestión de nuestro tiempo

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Aunque seguimos teniendo las mismas veinticuatro horas al día que hemos tenido desde siempre, nunca antes las habíamos consumido como ahora. La mayor parte del tiempo —sobre todo en la civilización occidental— estamos sumidos en un ritmo que al final del día nos hace preguntarnos: ¿en qué momento pasó todo?

El tiempo es relativo, decía Albert Einstein, cuando un chico se sienta con una chica a quien nunca le ha hablado durante un minuto, que a él le parece una hora. También cuando nos sentamos sobre una estufa y ese minuto nos parece una eternidad debido a la intensidad del calor.

Como en El precio del mañana (2011) y muchas otras historias de ciencia ficción, el tiempo es la moneda de cambio del futuro. Y como dicen Los Redondos en “Todo un palo”, el futuro ya llegó, así que tenemos que situar nuestras aficiones, entre ellas la lectura, en las mismas veinticuatro horas y haciendo caso al científico despeinado que cambió la historia de la Humanidad.

Como ya hemos hablado del espacio para la lectura, ahora queremos ver qué pasa con el tiempo que otorgamos a la misma y cómo este se va modificando según las distracciones y obstáculos que tenemos tanto fuera como dentro de nosotros.

Preferencias según las posibilidades del tiempo

¿Son los fines de semana los mejores días para leer? ¿O en realidad leemos más durante la semana laboral? ¿Qué momento del día queda entonces para le lectura? Algunos prefieren leer luego de despertar, es decir, durante las mañanas porque el cerebro está más despejado y es mucho más fácil captar lo que estamos leyendo.

Otros, en cambio, prefieren leer en las noches, antes de dormir. Sin embargo, siempre está el mismo problema: nos podemos quedar dormidos de leer solamente una página o a lo sumo dos, pues el cerebro, como nosotros, llega agotado después del trabajo y las tareas cotidianas.

Si no nos queda mucho tiempo, ¿por qué no aprovechar el llamado tiempo muerto? Hay los que prefieren los trayectos entre casa y el trabajo o entre una ciudad y otra, ya sea los largos en avión (cuando son viajes intercontinentales) o los más cortos, en metro, en autobús o en cualquiera de los medios de transporte que utilizamos diariamente. Si sabemos gestionar los minutos y las horas podemos leer de todo, según cuáles sean nustras predilecciones.

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Y por supuesto, están los del último tipo: los que se rodean todo el día de lecturas porque esta actividad es su trabajo (¡Sí, hola! ¡Somos nosotros!), sobre todo cuando se trata de ayudar a escritores y autores a consolidar sus proyectos  haciendo informes de lectura profesionales o de lector cero, entre otros.

Un género o un autor para cada momento del día

También es muy importante elegir bien lo que vamos a leer según el momento del día. No es lo mismo leer a William Faulkner durante las noches después de un día trepidante que a Charles Bukowski, quien con sus frases sencillas y su modo directo de escribir no nos enviará directo a los brazos de Morfeo, sin ánimos de ofender a la genial escritura que nos legó el autor de El ruido y la furia. No es lo mismo leer un poema tomando un café durante la mañana que una obra de teatro rodeado de personas en el metro.

En este caso, hay que considerar a cuál de las dos grandes distinciones en la literatura (ficción y no ficción) estamos recurriendo si queremos tomar un libro físico o nuestro eReader para llevarlo con nosotros. Así, no es mala idea leer algo de no ficción, ya sea una biografía o un ensayo de historia, por ejemplo, durante los trayectos cotidianos, ya que que muchas veces su lectura necesita menos atención que cuando leemos algo fundamentalmente basado en la imaginación. De manera que todo radica en el tiempo que tenemos disponible y en lo que vayamos a leer.

Para quienes la lectura es una parte importante de su vida, el buscar ¡y encontrar! un momento preciso para abrir un libro se transforma en una habilidad fundamental si queremos leer más y mejor.

Y para ti, ¿cuál es el momento ideal?

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