
Por: Claudia Requena
Ojalá estuvieras aquí dejando trozos de nube por la sala de un museo,
mezclando los temas, dulce y caótica
como una chica de un libro de Cortázar.
Marwan. “Ojalá estuvieras aquí”
La Crida, las Fallas y el buen tiempo llegan a Valencia. El sol se impone a aquellos días grises donde las cafeterías eran el mejor rincón para dejar pasar las horas, y con él también llegan cientos de turistas que ansían perderse entre las callejuelas empedradas de la ciudad. Y por qué no, encontrar pequeños rincones en medio del tumulto, y quizás allí leer.
Los planes son tan infinitos como los colores que envuelven la ciudad. Cálidos y con toques románticos. El naranja por todas partes.
Pero cuando te alejas un poco y te adentras en el casco antiguo, te puedes topar con joyas empolvadas que esperan unas manos que las acaricien. Libros cuyas arrugas son el reflejo del pasado, pequeñas librerías con olor a experiencia. Laberintos de historias que te hacen sentir en una cápsula del tiempo.









