Dejar un libro a la mitad: ¿Atrevimiento o sensatez?

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Hace unos años, conocí una persona que decía terminar todo lo que empezaba: trabajos, hasta que la despidieran (nunca renunciar), relaciones, hasta que le dieran fin por ella (nunca romper por iniciativa propia), comida, hasta que no quedara nada en el plato. Ni siquiera el acto de terminar cada una de sus lecturas escapaba de este ideal que para ella era supremo.

No importaba si solo había leído el título en la portada y portadilla —aquella primera página que repite el título después de una hoja en blanco— o el texto de contratapa; daba igual si su primera aproximación solo había sido en términos de diseño. Ella debía empezar el libro que había terminado aunque en opinión de otros era una pérdida de tiempo lamentable.

“¿Y si mejora justo al final?”, me decía acongojada, defendiendo su punto. “Si mejorara al final y tomara la decisión de dejarlo, nunca me enteraría”. De cierta forma tenía razón y me estremecía pensar que se preguntaba lo mismo con cada comida y cada relación laboral o sentimental. Pero debía pagar un precio altísimo de esa pecunia moderna que llamamos tiempo.

El arte de dar título a un libro

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El mundo de los títulos es sorprendente y diverso: los hay largos, como esa novela de Gabriel García Márquez llamada La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1977), cuya adaptación al cine por suerte lo simplificó y lo dejó en Eréndira.

Y también los hay muy, muy largos, como el Libro del muy esforçado e inuencible Cauallero de la Fortuna propiamete llamado don claribalte q segu su verdadera interpretaciõ quiere dezir don Felix o bienauenturado nueuamete imprimido e venido aesta lengua castellana, el qual procede por nueuo e galan estilo de habla, de Fernández de Oviedo, militar español del siglo XV que dejó en herencia este título excesivo.

En el otro bando, algunos prefieren lo conciso, como el inglés Ian McEwan con títulos como Amsterdam (1998), Expiación (2001) o Sábado (2005), todos libros editados por Anagrama que hacen parecer a la recopilación de relatos del mismo autor, Primer amor, últimos ritos (1996), como un título realmente largo.

Recomendaciones literarias para el 2018

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¿Qué recomendaciones tenemos para este 2018? Amigos y lectores: no es nuestra intención quedar ajenos a los deseos de prosperidad y felicidad para este año que ya ha empezado. Como uno de nuestros deseos es que este ciclo esté rodeado de inspiración y buenas lecturas que nutran y complementen sus vidas, les recomendamos algunos libros para que puedan disfrutar a lo largo de los meses venideros.

Como ya sabemos, en el Hemisferio Sur, donde vive gran parte del equipo de Vuelo Ártico, el comienzo de un nuevo año viene acompañado de días más largos, relajados y calurosos, donde aprovechar el tiempo para leer algún libro que quedó rezagado del año pasado o que fue regalado en Navidad se convierte en una consigna bastante frecuente.

Esto se acentúa aun con el reto lector que hoy por hoy da vueltas por las redes sociales, con distintas sugerencias para ampliar el espectro de lectura: tomar ese libro que compramos pero no leímos, leer aquel que le voló la cabeza a un amigo, revivir un clásico literario, acercarse un libro que escojas por su portada (ya hemos visto la importancia del diseño) o leer a un autor famoso de tu país.

Especial: ¿Qué libro regalar esta Navidad?

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Una de las preguntas que un lector cero debe responder para elaborar su informe es: “¿Regalarías este libro?“. Al momento de evaluar cómo funcionaría un texto, el profesional debe imaginarlo como un regalo para otra persona. ¿Cómo negar que el libro como obsequio es uno de los grandes misterios que intenta resolver el rubro editorial?

Es indudable que en tiempos de Navidad un libro es uno de los regalos preferidos para los asiduos a la lectura y para los no tanto. En esta época las librerías se llenan de clientes ansiosos con preguntas y dudas como “¿qué me recomiendas para mi hijo de diez años?”, “a mi mujer le gusta la historia, pero odia las novelas, ¿tienes algo?” o “tengo un primo que es fanático del teatro pero no soporta cuando los dramaturgos se ponen poéticos”.

El siguiente es un lugar común, pero no por eso menos cierto: puede no existir una media naranja, pero sí existe —tiene que— un libro para cada persona. Descubrirlo es el desafío.

Un superhéroe discreto: El lector cero

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Dentro del mundo editorial, el lector cero (o “lector 0”) cumple una función bastante trascendental. En el momento en que la obra de un autor ya está escrita, editada y terminada, se comienzan a estudiar distintas posibilidades para continuar trabajando el texto.

Se puede comprender al lector 0 como un lector al azar; sí, es casi como cualquier persona que puede ver el libro en una librería y elegirlo. Sin embargo, también es una figura que posee el conocimiento y las habilidades para valorar un texto de ficción o no ficción mucho más allá del hedonismo de un lector convencional. Es decir, más acá del prodesse de Horacio, fuera del deleite y apuntando a contribuir en su desarrollo, con sugerencias y comentarios en pos de mejorar la obra a revisar de manera objetiva.