
Por: Barbara Salcedo
Todavía recuerdo cuando en el colegio nos explicaron que los sustantivos en español tenían género: masculino y femenino; y número: singular y plural. Además, para referirnos a un grupo mixto utilizábamos el masculino gramatical y no había discusión, nadie se ofendía y todos hablábamos con seguridad, porque sabíamos cómo utilizar nuestra lengua, la misma que se encuentra entre los tres idiomas más hablados del mundo. Ahí es nada.
Pero estos días hemos vuelto a dudar y a veces no estamos seguros de si verdaderamente dominamos aquello que nos enseñaron hace años y que a algunos hoy nos da de comer. Como el evitar los errores o las faltas de ortografía, estas problemáticas tocan a todos (y todas), pero en el trabajo de corrección y edición hay que tener más que clara una postura.
La lengua es nuestra profesión y con ella trabajamos. Por si el “miembros y miembras” o el “jóvenes y jóvenas” nos supo a poco, ahora Irene Montero, portavoz de Podemos en el Congreso, nos ha sorprendido con otro desdoblamiento de los que en España ya nos estamos acostumbrando: “portavoces y portavozas”. Y entonces ha reaparecido la polémica o la política, quién sabe.


