¿Debemos dar la bienvenida al lenguaje inclusivo?

Real Academia Española lenguaje inclusivo
El edificio de Madrid en donde se toman las decisiones del español

Por: Barbara Salcedo

Todavía recuerdo cuando en el colegio nos explicaron que los sustantivos en español tenían género: masculino y femenino; y número: singular y plural. Además, para referirnos a un grupo mixto utilizábamos el masculino gramatical y no había discusión, nadie se ofendía y todos hablábamos con seguridad, porque sabíamos cómo utilizar nuestra lengua, la misma que se encuentra entre los tres idiomas más hablados del mundo. Ahí es nada.

Pero estos días hemos vuelto a dudar y a veces no estamos seguros de si verdaderamente dominamos aquello que nos enseñaron hace años y que a algunos hoy nos da de comer. Como el evitar los errores o las faltas de ortografía, estas problemáticas tocan a todos (y todas), pero en el trabajo de corrección y edición hay que tener más que clara una postura.

La lengua es nuestra profesión y con ella trabajamos. Por si el “miembros y miembras” o el “jóvenes y jóvenas” nos supo a poco, ahora Irene Montero, portavoz de Podemos en el Congreso, nos ha sorprendido con otro desdoblamiento de los que en España ya nos estamos acostumbrando: “portavoces y portavozas”. Y entonces ha reaparecido la polémica o la política, quién sabe.

Es polémica porque lo que hace años era una norma a secas del idioma, hoy se ha convertido en una característica excluyente del mismo. Nuestra lengua ahora es sexista y el hecho de no mencionar el género femenino cuando hablamos de un colectivo es sinónimo de rechazo y olvido de la mujer.

Y entonces, esta polémica se convierte en debate, en debate lingüístico, y a los hablantes de español se nos ha creado sin querer (o queriendo) una supuesta obligación personal por utilizar un lenguaje inclusivo. Y mientras todos invertimos tiempo debatiendo, polemizando y pensando en cómo tenemos que hablar para no ofender a nadie, se nos olvida que no es lo mismo afirmar que nuestro lenguaje aparta a las mujeres que sostener que sus usuarios escogemos ciertos usos verbales sexistas con ese fin. Porque efectivamente los hay.

Las intenciones del lenguaje inclusivo…

Supuestamente, con el uso de este nuevo estilo de lenguaje se evita la ofensa hacia ellas, ¡pero cuidado! Esto tiene trampa, porque es posible que cometamos más errores lingüísticos que el social que intentamos suprimir.

El lenguaje no sexista trabaja para olvidar esa teoría sobre la lengua como herencia directa de la estructura patriarcal. Sí, hay quienes creen que nuestro idioma apareció para complacer a los varones, y toda su gramática y ortografía gira a su alrededor. Por otro lado, acabar con la aparición de privilegios hacia el sexo masculino también es otra de las intenciones de este estilo

Sin embargo, es curioso que se generen debates de este tipo mientras que algunos sueldos de ellos siguen siendo mayores que los de ellas porque sí. Además, incluir constantemente a la mujer en la comunicación ayuda a trabajar contra su discriminación y a fortalecer su igualdad y su visibilización frente al hombre. O eso defienden algunos.

…Y sus métodos

De esta forma, se han puesto de moda tres líneas para combatir esta exclusión lingüística.

Por un lado, nos encontramos con el desdoblamiento anteriormente citado, al que algunos políticos recurren artificiosa e innecesariamente para demostrar al público cómo debemos hablar desde ahora. No caen en la cuenta, en cambio, de que este recurso es prácticamente imposible porque va en contra de la economía del lenguaje y se generan barbarismos lingüísticos y circunloquios sin fundamento que dan lugar a dificultades en la redacción, lectura y comprensión del lector.

Por otro lado, también se emplean sobre todo otras fórmulas que están mucho menos justificadas que la anterior, como los paréntesis: querido(a)(s) amigo(a)(s); la x””, en ejemplos como: lxs vecinxs; o la arroba (@), que ni siquiera es un signo lingüístico, sino un símbolo y, por lo tanto, es inadmisible escribir o leer l@s alumn@s desde el punto de vista normativo.

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¿Normas difíciles o fáciles de cumplir?

Así pues, en lugar de recurrir a soluciones lingüísticas como estas que dificultan la comunicación, siempre es más sencillo que sea el receptor del mensaje quien haga el ejercicio de no centrar su atención en buscar intenciones sexistas, más comunes, por otro lado, de la sociedad que de la lengua.

Qué dice la norma

La Real Academia de la Lengua, institución cultural que se dedica a la regularización de nuestra lengua, defiende la norma lingüística y se limita a velar por el buen uso del idioma. Ella no entra en estos debates, pero algunos la tachan de conservadora. Veamos pues qué es lo que nos recomienda y si merece de verdad este calificativo.

Como decíamos al comienzo, el español consta principalmente de dos géneros: masculino y femenino, pero el primero engloba además al segundo. El ejemplo Los alumnos son muy trabajadores se refiere a las mujeres y a los varones. No ocurre lo mismo al contrario, Las alumnas son muy trabajadoras, donde solo se cita a las mujeres y los varones quedan excluidos.

La gramática determina que tenemos un género marcado, el femenino, y otro no marcado, el masculino. Y así, nuestra lengua tiene la posibilidad de dirigirse a colectivos mixtos gracias al género gramatical masculino sin ninguna intención discriminatoria. Únicamente deben aparecer ambos géneros cuando la oposición de los sexos es un factor relevante en el contexto y en el sentido del mensaje, como ocurre a continuación: En las actividades deportivas deberán participar jugadores y jugadoras por igual.

Si hacemos caso de esta sencilla norma, nuestro estilo lingüístico crece y se embellece, colaboramos y cumplimos con la economía del lenguaje y evitamos muchísimas repeticiones irrelevantes que aburren al receptor y que no le permiten centrarse en el núcleo informativo. Y además, omitiremos polémicas superfluas como la surgida a partir de las palabras Montero.

Concluimos así: la lengua no discrimina a las mujeres, ni tan siquiera lo promueve. Esto es cosa de la sociedad y sus intenciones.

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