Faltas de ortografía o la importancia de lo formal

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La forma es mucho más que la apariencia: es cómo se muestra el contenido, de qué manera se transmiten las ideas, cuál es la silueta que toma determinado tema y su presencia ante los receptores. Tan importante como el contenido, la forma constituye un universo en sí mismo. Y uno que hay que cuidar.

Las faltas de ortografía forman parte de nuestro cotidiano. Cuando están aprendiendo a escribir, a los niños y niñas se les enseña a hacerlo bien para no caer en estos vicios. También es normal verlas en la calle y en la vida virtual; en comentarios de las redes sociales, por ejemplo, con la reacción siempre esperada del “aprende a escribir”, “¡ahhh, mis ojos!” o “no le hagas caso, tiene faltas de ortografía”. Una losa que persigue a quien las comete.

Pero si hablamos de lectura y libros supervisados por profesionales, el tema se complica, y mucho. ¿Por qué?

El trabajo de corrección y las faltas de ortografía

Si la opinión de una persona puede ser desconsiderada solamente debido a este factor, un texto con estas falencias pierde inmediatamente su calidad. Esto sucede en cualquier momento de la cadena de creación de un texto: cuando es un inédito, cuando postula a publicarse en una editorial o a un concurso o cuando ya está impreso y distribuyéndose en librerías —físicas o virtuales— y otros medios.

Es importante confiar los textos a un profesional que sepa tratarlos en cualquier fase del proceso escritural. Aunque el trabajo editorial se basa principalmente en evitar su aparición, anular su propagación y procurar su eliminación, las faltas ortográficas son omnipresentes, las invitadas de piedra de los que trabajan con las palabras. Por ello,  la tarea principal de un corrector es hacer un diagnóstico y minimizarlas al máximo. Si en el desempeño de sus funciones no es capaz de llevar a cabo esto, difícil es esperar más.

Más allá de su mala fama y de ser conocidas dentro y fuera del rubro, las faltas de ortografía no son el único tipo de detalles que se pueden encontrar en un libro a la hora de corregirlo o diseñarlo. Como en la naturaleza, hay un montón de especies y es nuestra tarea conocerlas y detectarlas.

Algunos ejemplos: el discurso directo en la construcción de los diálogos a través del guion largo (“—”) en la ficción y su uso, abuso o mal uso; o los desajustes de digitación, es decir, cuando una letra se presiona dos veces en el teclado por equivocación o la supresión involuntaria de la “s” en un plural. En fin, ¡detalles más que importantes!

Al igual que las faltas ortográficas, estas y otras particularidades forman parte del dominio de las temidas erratas. Pero eso es otra historia que abordaremos en un próximo artículo.

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