Préstamos famosos (I): español y euskera

En que el lenguaje cambia y todas las lenguas evolucionan estamos todos de acuerdo. No por nada hay tantos extranjerismos en nuestra vida diaria. Y sobre todo hoy que, con ayuda de las nuevas tecnologías, Internet y la globalización el contacto entre todos los idiomas es mucho más alto. Como consecuencia, los préstamos lingüísticos crecen y los interiorizamos sin ser conscientes de ello.

Sin embargo, este fenómeno tiene mucha vida y un largo recorrido, además de otras razones de existencia, como la localización, esa donde se hablan las lenguas que adoptan ciertas voces y aquellas de donde se toman prestados nuevos términos. El español castellano, por ejemplo, puede tomar prestadas voces francesas, portuguesas, árabes y hasta de las otras lenguas nacionales con las que también convive: gallego, catalán y euskera.

Es cierto que es en estos últimos casos en donde la convivencia de dos o más lenguas en un mismo lugar es más considerable. Los hablantes se toman total libertad para utilizar voces de una lengua en contextos de otra con el fin de que el mensaje llegue con información más detallada y precisa a los receptores. Y lo más sorprendente es que la comunicación fluye sin mayores inconvenientes.

A pesar de ello, solo algunos de estos casos se abren camino, traspasan barreras y fronteras y se afincan más allá de donde nacieron.

Aunque no lo creas: Sabes euskera

No lo parece por su complejidad y sus diferencias con el español, pero la lengua vasca también se ha hecho un hueco en el castellano, muchos de esos como consecuencia del problema político arrastrado en este territorio durante tantos años de historia.

Voces como ikurriña, lehendakari, borroka o zulo nacen en el País Vasco, pero son utilizadas por todo lo largo y ancho de la península, tal y como ocurre con los términos catalanes president o senyera, entre otros. Incluso, a veces surgen polémicas, indeseadas o no, a raíz de estos usos.

Ikurriña, del vasco ikurriña, ya lo escribimos en redonda y sin comillas, tal y como lo recoge la RAE con la definición “bandera oficial del País Vasco”, porque ya es parte del español y su significado es el mismo para todos. Lo mismo ocurre con lehendakari (“jefe del Gobierno vasco”), solo que en este caso lo encontramos como lendakari en el diccionario de la Academia.

El lenguaje, indiscutiblemente, crea realidad

Por otro lado, observamos que zulo también viene del vasco y se escribe igual en ambas lenguas. En euskera significa propiamente “agujero”, sin más posibles connotaciones y, sin embargo, en castellano se asocia a los agujeros y lugares ocultos y cerrados en los que ilegalmente se esconden cosas o personas secuestradas, como hacía ETA.

Borroka es otro término prestado del vasco relacionado con la historia política de estos territorios, en cambio no está acuñado ni lo encontramos en diccionarios del español oficiales. A pesar de esta realidad, en el español de habla vasca se relaciona con ataques violentos callejeros y con aquellos que lo practican normalmente dentro del País Vasco. Y resulta curioso que la definición en euskera sea breve y concisa: “pelea, lucha, enfrentamiento, combate”.

No solo el campo político ha introducido voces vascas en el habla del día a día español. El kalimotxo, en español calimocho, es una bebida que resulta de la mezcla a partes iguales de vino tinto y refresco de cola que se dice que nació en Algorta, Vizcaya, en 1973, pasó a fiestas de Bilbao y hoy n

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os lo sirven en Galicia, Extremadura o Murcia (en algunos lugares, como Chile, se le conoce como “jote”).

Eso sí, muchos vascos aseguran que un calimocho con c y ch no sabe igual que uno con k y tx…

Por último, órdago, del vasco hordago (“envite, desafío”) o de hor dago (ahí está) se impuso en el juego de cartas del mus, donde los jugadores apuestan a sus contrincantes a ganar la partida. Además, es parte de una locución coloquial (de órdago) utilizada a menudo para expresar que algo es extraordinario y de otro nivel.

De esta forma, observamos que el contacto entre lenguas es beneficioso para ellas mismas porque las enriquece y las hace más sabias, siempre y cuando aporten significados nuevos que otras palabras ya existentes de los propios idiomas no lo hagan.

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