De “booktuber” a “booktoker”: La literatura entra en un nuevo formato

booktoker

Por: Salma Chaibi Menkali

YouTube, creado en 2005 y adquirido por Google en 2006, vino a cambiar definitivamente el modo en el que se creaba, consumía y compartía el contenido multimedia. Desde sus inicios tuvo gran popularidad y, actualmente, posee alrededor de 2.500 millones de usuarios activos; lo que se ha traducido en una proliferación de posibilidades audiovisuales que aparecen en tu pantalla de inicio según los deseos del algoritmo.

En el Nuevo Testamento y, concretamente, en la “Epístola a los Romanos”, se dice lo siguiente:

¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Y, si uno ha entrado en la aplicación en busca de cómo hacer una tortilla de patatas y ha acabado en algún vídeo conspiranoico sobre el Área 51, no puede más que dar por válida esa cita también para esta plataforma. Dentro de esta selva multimedia, surgió un grupo de jóvenes que trasladó su pasión literaria al campo audiovisual; Booktubers se les llamó. Algunos de ellos: Javier Ruescas, el Coleccionista de Mundos, Raiza Revelles, Ricardo Carrión, Clau Reads Books, etc. Con ellos, la literatura entró en un nuevo tipo de mercado, donde la selección de la próxima lectura no se basaba ya en las opiniones de los periódicos o de tu librero de confianza, sino en aquellos libros que estos booktubers anunciaban, calificaban y describían en sus vídeos.

Poco a poco empezaron a surgir dinámicas como los hauls, en los que desempaquetan varios libros enviados por editoriales, retos de lecturas, listas de clichés literarios, etc. En consecuencia, si bien hay booktubers con contenido de calidad, en la mayoría de los casos el contenido de los libros pasó a ser algo secundario frente a la innovación y ornamentación que los rodeaba.

Y llegó el cambio

Dentro de esta biosfera se movía el mercado editorial más comercial hasta 2016, cuando se dio lanzamiento a la que es actualmente una de las redes sociales más fructíferas y utilizadas: TikTok. Con 1.218 millones de usuarios, la aplicación ha superado con creces a sus antecesores, especialmente a Musical.ly, con un fórmula novedosa, interactiva y estimulante. En ocasiones, quizá demasiado. Frente al formato de mayor duración de YouTube, normalmente alrededor de los 20-30 minutos, TikTok se limita a un contenido de 1-3 minutos, lo que le otorgó un éxito inmediato entre los jóvenes y los no tan jóvenes. Fast times.

Una vez más, aquellos jóvenes que generaron un ecosistema en YouTube saltaron a TikTok y pasaron a llamarse booktokers. Aquellas dinámicas ya presentes en la anterior plataforma se han exacerbado en esta, lo que ha conducido a una literatura por clichés, en la que conoces de antemano principio, nudo y desenlace y que reproduce un mismo formato hasta la saciedad.

Las críticas literarias ya no se hacen en base al texto, sino en función de la expectativa que se genera. Es más, fruto del formato alienante, muchos aducen problemas de atención en la lectura y de insatisfacción por no cumplir con los estándares marcados de antemano, así como falta de sorpresa o emoción en los argumentos. Otros, yendo un paso más allá, fomentan un nuevo tipo de lectura en diagonal con el objetivo de terminar antes la lectura.

booktoker lectura en diagonal

Marshal Berman, en un estudio sobre la modernidad, tomó prestada aquella famosa frase de Karl Marx y Engels para escribir un libro: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. La línea hacía referencia a que los tiempos modernos habían invertido y acelerado los ciclos vitales y sociales de la humanidad. Tras todo lo anterior, cabría preguntarse si la literatura también se desvanecerá en el aire.

Mientras tanto, desde Vuelo Ártico os invitamos a que sigáis la lectura pausada, placentera y con espacio para la imaginación.


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