COVID-19 y el mundo de palabras de nuestra nueva cotidianeidad

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Sí, en Vuelo Ártico también nos ponemos a hablar del único tema que ronda estos días nuestras cabezas, los medios de comunicación y nuestras redes sociales. Básicamente, es muy difícil pensar en otra cosa, por eso nos ponemos a desgranar desde nuestra trinchera lo que esconden las denominaciones que hoy escuchamos día a día.

Por supuesto, el tema no es otro que la COVID-19 o enfermedad del coronavirus, porque lo que parecía que iba a ser un virus lejano ha terminado llegando a nuestras puertas para quedarse. Y como este tema está trayendo cola y sufriremos sus consecuencias un tiempo largo, qué mejor que dar unas pautas breves y sencillas para su adecuada y correcta escritura.

¿SABEMOS CÓMO Y QUIÉN CREA LOS NOMBRES DE LAS ENFERMEDADES?

Pues bien, la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la que se encarga de dar nombre a las enfermedades, que se escriben en minúscula, por cierto, a excepción de los nombres propios que formen parte de ellos, como síndrome de Down. En este caso, y a pesar de haberlo visto de diferentes formas, COVID-19, con mayúsculas y guion antes de las dos dígitos, es la grafía recomendada por esta institución y nuestra Ortografía para nombrar a la neumonía por coronavirus (minúscula inicial porque es nombre común, que no se nos olvide). Por lo tanto, su denominación es COVID-19, que viene de COronaVIrus + Disease ‘enfermedad’ + [20]19.

No Covid-19, ni Covid 19, pero sí covid-19 para cuando deseemos lexicalizar el término, que según la RAE es la acción de «convertir una expresión compuesta de varias palabras, una interjección o una onomatopeya en unidad léxica fija».

Sin embargo, si queremos hablar del virus y no de la enfermedad, tendremos que ser más rigurosos y cuidadosos porque este se identifica de esta forma: SARS-Cov-2, nombre que es designado esta vez por el Comité Internacional de Taxonomía de Virus.

¿FEMENINO O MASCULINO?

Puesto que el término hace referencia a una enfermedad y esta es femenina, la recomendación es que se hable de la COVID-19 como ella, pero si la encontramos referida en masculino como la estamos viendo en innumerables ocasiones, no podemos considerarlo un error garrafal, está aceptado.

CONSECUENCIA LINGÜÍSTICA, DE LAS POCAS POSITIVAS

A esta catástrofe sanitaria ya se le ha bautizado como guerra y como crisis y, como tal, trae muchos tipos de consecuencias. Por el momento solo somos capaces de ver las negativas, que no son pocas y muy grandes, pero entre nosotros, además de haber ampliado nuestra solidaridad, lingüísticamente también somos más ricos.

¿Os habéis percatado de la terminología en la que llevamos inmersos todo este tiempo? Nos hemos hecho expertos en coronavirus, neumonías y tipos de gripes; buscamos desesperadamente el mejor anticoronavirus o anti-COVID-19 para que esta pandemia acabe cuanto antes; hablamos de la curva sin confundirla con la de la carretera; conocemos las tasas de mortalidad —que no de mortandad, de los países más afectados; aunque parecía imposible e inalcanzable, el teletrabajo por fin ha llegado a nosotros; los ERTE (no ERTES, ERTEs ni Ertes) por desgracia quitan el sueño a muchos; el estado de alarma nos acompañará en España 15 días más y no necesita iniciales mayúsculas si no es al comienzo de oración; ya sabemos que los niños son asintomáticos a esta enfermedad; cuarentena y su verbo cuarentenar hacen referencia al aislamiento preventivo durante un período de tiempo que no tiene por qué ser de cuarenta días; la morgue es un «depósito de cadáveres» y el triaje (con jota) es la clasificación de pacientes según prioridades que tanto se está cuestionando estos días.

Por si alguno andaba justo en geografía, después de tantísimas referencias de lugares y zonas, sabrá situar en el mapa casi con los ojos cerrados las regiones de Wuhan, Lombardía y Piamonte; países como Japón, Corea del Sur y España; y las ciudades de Milán, Madrid y Vitoria-Gasteiz, todos ellos epicentros del coronavirus.

Y mientras tanto, iremos viendo en nuestras casas, confinados, por supuesto, cómo pasan los días y cómo se va desarrollando esta cuestión que nos tiene en alerta las 24 horas del día y que sin duda traerá muchas más palabras a nuestra cotidianeidad.

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