La pérdida, sentimiento cosido por el dolor

La ridícula idea de no volver a verte pérdida duelo
Rosa Montero, autora de «La ridícula idea de no volver a verte»

Por: Claudia Requena

El verdadero dolor es indecible.
Si puedes hablar de lo que te acongoja estás de suerte: eso
significa que no es tan importante.

Rosa Montero

Hace unos años que Rosa Montero entró en mis días para quedarse, en un momento en el que sus palabras eran el eco de aquello que yo expresaba en silencio. Mi lectura y la enfermedad avanzaban por caminos paralelos. Cada línea que leía me acercaba más a ese sentimiento del que todos queremos huir: la pérdida.

Y así fue como reconocí en cada una de sus letras aquello que sabía que tarde o temprano iba a pasar.

Cuando el tiempo se paraliza entre cuatro paredes

Cerré la puerta de aquella habitación después de una conversación que solo tú y yo escuchábamos.Te miré y te sonreí. Creía que aunque tus ojos estuvieran cerrados, con cada leve respiración sentirías que estaba allí.
Te comenté lo largo que tenías el pelo y, tras un largo silencio y unas cuantas miradas al vacío, me decidí a abandonar aquellas habitación que te había visto sufrir. Cerré la puerta y entré en el ascensor sabiendo que nunca más volvería a verte.

Y fue así como empecé a sentir aquello que Rosa Montero explicaba en su libro La ridícula idea de no volver a verte. Mi primera vez con la pérdida y ,cómo no, con su temida aceptación.

La ridícula idea de no volver a verte es un desgarro, un grito al dolor por la muerte de ese ser vital.
Montero parte de la biografía de Marie Curie, en la que ve reflejada ese sentimiento de pérdida y cuya mirada le sirve de aperitivo para unir ambas historias. Al igual que Marie, Rosa Montero vivió en carne propia la pérdida de su otra mitad, y hace un paralelo de cómo ambas se tuvieron que reponer a ese sentimiento ridículo de no volver a verlos.

Es ridículo, ¿verdad? Cómo no volver a ver a esa persona que ha estado durante años en tu vida. Y de pronto, ¡zas! Se desvanece entre las tinieblas y ya nunca te abrazará, te besará o te sumergirá entre risas a media tarde.

Fue a partir de leer a Montero cuando esa reflexión empezó a rondar por mi cabeza en distintos periodos. La necesidad de poder entender la ausencia es una asignatura que tengo pendiente, sobre todo cuando pienso en ella. Mi luz. Esa que me guía cuando nadie más consigue levantarme.

Rosa Montero muerte Marie Curie

Sus manos, arrugadas por el paso de los años, su mirada dulce, que estremece cada parte de mi cuerpo cuando me mira. ¿Cómo voy a aprender a vivir sin ella? Me parece tan absurda la idea que incluso creo que es una burla de la vida. No puede ser… Eso me digo a mi misma.

Ella nunca cruzará esa frontera, nunca dejará de acariciarme por las noches. Ella es inmortal. Y así intento desafiar a la ciencia y el orden natural de las cosas.

Todos tenemos esa persona por la que perderíamos hasta la noción del tiempo, por la que dejaríamos pasar los minutos más lentos si no escucháramos su respiración. Y la que nos entrecorta la voz cuando un “Nos vemos pronto” cobra un significado distinto.

El miedo al olvido

Otro miedo unido a la ausencia es la del olvido. Quizás es más duro que el anterior. Sentir que podemos olvidarnos de los rasgos de esa persona, de como olía o del sonido que producía su risa. Cuando era pequeña y me imaginaba sin ella, el miedo era tal que no dormía durante días. Mi abuelita siempre me decía que las personas están siempre y cuando no las olvidemos. Mientras sigan en nuestro recuerdo y en nuestro corazón, siempre vivirán con nosotros. Y aunque esto puede contradecir ese sentimiento de dolor ante una pérdida, quizás lleve razón. Puede que sea una manera de aliviar lo inevitable y hacerlo más fácil.

A veces cierro los ojos e intento imaginar el dolor que se debe sentir, aunque sé que es algo que no puede imaginarse, solo sentirse. Y pienso cómo Marie tuvo que afrontar la muerte repentina de su marido y cómo se aferró a una parte de él, perdiendo todo sentido.

Quiero decirte que ya no me gustan ni el sol ni las flores, verlos me hace sufrir, me siento mejor con un tiempo sombrío como el del día de tu muerte.

De este modo escribía la pérdida de Pierre, reflejando así su sufrimiento, su locura.

Sin duda, el libro de Rosa Montero es una guía que toda persona debería leer una vez en su vida, o incluso releer después de una pérdida. Porque creo que todos necesitamos ver la superación de otros para aferrarnos a la vida y luchar. Encontrar un sentido por el que seguir teniendo siempre en la mente a todos aquellos que nos han constituido como personas.

Entre acordes de guitarra me introduzco en mí misma y en las líneas que acabo de escribir. Y aunque no sean racionales o no tengan una base teórica y lógica, creo que es un sentimiento que nos puede atormentar a todos en algún momento de la vida. ¿Por qué no compartir ese miedo? Quizás si se verbaliza las repuestas sean más reconfortantes y den lugar a la aceptación de que el tiempo pasa tan rápido como una fiesta. Y que no hay mejor manera de vivirlo que recordando a aquellos que un día nos dejaron un vacío, llenando de momentos inolvidables a los que todavía nos ven evolucionar.

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