San Valentín o por qué las celebraciones llevan mayúsculas

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Seguro que más de una vez has dudado en escribir Día del Padre en mayúscula o minúscula. O no estabas seguro de si el pasado Día de los Enamorados debe ir en cursiva o no. Pues bien, ahora que hemos pasado algunas fechas señaladas y otras aún están por llegar, te dejamos de forma muy breve unas pautas para no volver a fallar nunca más a este respecto.

Como añadido, os traemos algún que otro dato histórico y curioso sobre la evolución de este día que dedicamos al amor.

Qué es y de dónde viene

Si París es la ciudad por excelencia del amor, febrero juega el mismo rol y es sin duda el mes en el que más lo celebramos. Y es que San Valentín es el responsable de que a lo largo de estos días hablemos todo el rato del mismo tema, nos acordemos de nuestras parejas y vivamos enfrascados al amor. Parados a punto de bordear el final del mes, aquí estamos.

Pero, ¿se trata de una costumbre verdaderamente consumista o es, por el contrario, una festividad cristiana? ¿Cuál es el origen de todo esto? ¿En qué lugares se celebra? Tenemos respuesta para todo y mucho más.

Cada 14 de febrero es San Valentín, una excusa perfecta para celebrarlo como el Día de los Enamorados, pero aunque pensemos que es una excusa meramente comercial, la realidad es otra. (Por cierto, estamos usando mayúsculas ¿verdad? Ya veremos por qué, aunque hay pistas).

Viajamos a la Roma del siglo III, un lugar gobernado por el emperador Claudio II. En esa época, se consideraba que los jóvenes solteros que carecían de familia estaban hechos para luchar como soldados porque desconocían los vínculos sentimentales. Pero un sacerdote de nombre Valentín, opuesto a esta realidad y contrario al decreto del emperador, decidió comenzar a celebrar ceremonias de casamientos en secreto para esos jóvenes enamorados que deseaban contraer matrimonio. Sin embargo, la muerte del sacerdote se sentenció el 14 de febrero del año 270 por desobediencia y rebeldía, y desde entonces se le nombró patrón de los enamorados. Por eso conmemoramos cada año su día, el Día de San Valentín.

Hacemos bien en afirmar y aclarar que se trata de una festividad meramente cristiana y que con el paso de los años y de los tiempos ha ido adquiriendo un carácter cada vez más moderno y, claro que sí, consumista, hasta convertirse en un acto cien por cien comercial en algunos países como España, Chile y otros.

Celebraciones vs. ortografía

Paralelamente, nuestra lengua también ha acogido en su lenguaje esta celebración como cualquier otra y, por lo tanto, la Ortografía de la lengua española dicta normas para su uso correcto.

Así pues, de la misma forma que ejemplos como Día Internacional de la Mujer, Día del Padre, Día de los Trabajadores, Navidad, etc., se escriben con mayúscula inicial porque son sustantivos y adjetivos que forman parte de los nombres de festividades: Día de San Valentín y Día de los Enamorados, por ejemplo, también respetan esa norma y pauta.

En cambio, cuando el emisor del mensaje hace referencia al período en el que tienen lugar esas festividades de las que hablamos, se admite el uso de la minúscula, como ocurre en el siguiente ejemplo: «Estas navidades se me han pasado muy rápido». Aquí la persona se está refiriendo al período que, uniéndose a la festividad de Reyes (el 6 de enero), implica un descanso y vacaciones en el inicio del invierno, algo que en países del hemisferio sur implica el inicio del verano. Esta expresión de «navidades», por alguna razón, no se usa en Chile, donde se utiliza su variante singular.

Navidad navidades Año Nuevo Noche Vieja mayúsculas

Por otro lado, aprovechamos el campo semántico del 14 de febrero, también en minúscula inicial como todos los meses del año, por cierto, y recordamos que Cupido, dios del amor (en minúsculas), es nombre propio y se escribe también con mayúscula inicial. Sin embargo, cuando queramos referirnos a la representación del amor como tal, tendremos que mantenerlo con minúscula inicial.

San Valentín por el mundo

Decíamos que esta festividad fue asimilada por la iglesia católica, por eso es habitual que se celebre tal y como la entendemos nosotros en el resto de países que comparten religión, siendo europeos la mayor parte de ellos. Pero las costumbres de los habitantes de cada uno no tienen por qué ser las mismas.

La historia nos lleva al otro lado del charco, Massachussets, cuando hacia 1840 Esther A. Howland comenzó a vender tarjetas de regalo con mensajes, motivos e ilustraciones románticas, las que lógicamente fueron todo un éxito.

Pero hoy en día, los fineses y estonios, por ejemplo, aprovechan este día para pedir matrimonio a sus parejas o casarse.

En Inglaterra colocan cinco hojas de laurel, una en cada esquina de la almohada, y la quinta en el centro con el deseo y objetivo de atraer al amor y una futura pareja.

Dinamarca y Noruega son fieles a sus tradiciones y los hombres continúan regalando a las mujeres pequeños poemas anónimos llamados Gaekkebrev.

Como vemos, la literatura, la historia, la poesía y hasta el uso correcto de la lengua tienen mucho que ver con San Valentín. Porque no es para menos: ¡la lengua está presente en todo!


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