De trovadores a traperos: Música y literatura

música

Por: Salma Chaibi Menkali

Muchos han olvidado que antes de la palabra escrita se encontraba la palabra hablada. Muchos han olvidado que la palabra era transmitida de padres a hijos durante las largas jornadas de campo o las húmedas recolecciones de pesca. Muchos han olvidado que la palabra era susurrada por las madres a sus hijas, avisándoles de los peligros que las aguardaban si no callaban, si no acataban, si no desviaban la mirada.

Muchos han olvidado que la palabra era narrada alrededor del fuego en las noches de invierno, contando las gestas de valientes caballeros y dulces damiselas en apuros, de leyendas sobre un joven que consiguió por primera vez en siglos sacar una espada encallada en piedra, de criaturas fantásticas que acechan a los marineros en sus travesías, de un rey que apareció desnudo por llevar un traje solo visible a los ojos de los más inteligentes.

Otros muchos han olvidado que la palabra era cantada. Así, bajo el amparo de la blanca nieve, los niños con las mejillas sonrojadas por el frío entonaban de puerta en puerta aquellos versos de “Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor, entre los astros que esparcen su luz, viene anunciando al niño Jesús”.

Durante las largas horas de misa e incienso, se amenizaba la liturgia con pequeñas escenas musicales, que, posteriormente, envolverían toda la celebración del Corpus Christi. En época de vendimia, los jornaleros cantaban pequeñas composiciones que amenizaban su día. La palabra era hablada, pero sobre todo cantada y es por eso por lo que la prosa tardó mucho tiempo en llegar a la literatura. Ritmo y rima acompañaban la vida.

La música aún es literatura

En nuestros días, aún se siente con fuerza la unión de palabra y música. Julio Cortázar, a propósito de una entrevista en el inolvidable programa de A fondo, dijo lo siguiente:

“La música, en general, y el jazz, en particular, es una especie de presencia continua. Incluso en lo que yo escribo. Además, mi trabajo de escritor se da de una manera en donde hay una especie de ritmo que no tiene nada que ver con la rima y con las aliteraciones. Es una especie de latido, de swing como dicen los hombres de jazz, una especie de ritmo que si no está en lo que yo hago es para mí la prueba de que no sirve y hay que tirarlo y volver hasta finalmente conseguirlo. Lo cual me plantea, dicho sea de paso, problemas con las traducciones porque no siempre los traductores pueden encontrar el mismo ritmo al hacerlo”

La palabra escrita es transformada en palabra hablada y, sobre todo, en palabra cantada. Así, no es de extrañar que Joan Manuel Serrat, cantante a quien el Mediterráneo bañó desde su nacimiento, recogiera los versos combativos de Miguel Hernández y los melancólicos de Antonio Machado en dos álbumes que acercaron la poesía al pueblo de a pie. Enrique Morente, en su hipnótico disco Omega, recogió composiciones de Lorca y Leonard Cohen. Y cómo olvidar la interpretación de Silvia Pérez Cruz de “Val vienés”. Andrés Calamaro y Mercedes Sosa, por su parte, rendirían homenaje a Alfonsina Storni y su “Alfonsina y el mar”.

También el trap, trap

Este álbum, que fue presentado como su trabajo de fin de grado, ofrece una revisión de una novela medieval El Roman de Flamenca. A través de esta historia de celos, amor y desengaño, la artista catalana configura un mensaje de reivindicación feminista, con una propuesta que rompe todos los cánones hasta la fecha. Así, cada canción corresponde con un capítulo del libro, como bien se señala en los títulos. La palabra escrita ya no es palabra cantada, sino también palabra reversionada y reivindicada.

Muchos han olvidado que antes de la palabra escrita se encontraba la palabra hablada y la palabra cantada, pero muchos otros la han transmitido de generación en generación. Abuelos que, mientras remueven el puchero, recuerdan retazos de vida y nietos que escuchan atentos antes de hacer alguna trastada.

Estudiantes que sin querer encuentran un libro olvidado por el tiempo y deciden traerlo otra vez a la vida.

Cantantes que no pueden dejar de pensar en unos versos y los acechan hasta que les ponen acordes y los cantan delante de un público.

La palabra hablada, la palabra cantada, reposa en los rincones más inhóspitos, en los más cotidianos, en los más inverosímiles.

En realidad, en los más esperados.

El rumor

A cualquier escritor también le acompaña un rumor, un runrún, generado por las teclas del ordenador, las del bolígrafo encima del papel. El rumor que acompaña a la palabra escrita.

Ignacio Vidal-Folch, en un artículo con motivo de la muerte de Javier Marías, reflexionaba sobre la musicalidad de su obra:

“Es sabido que Marías, reacio al ordenador, escribía con máquina eléctrica. A veces me he preguntado si el rumor del motor le empujaba a no detenerse, a proseguir la frase, y si le ayudaba, como un bajo continuo, a ir desarrollando ese fluir de palabras como un monólogo susurrado al oído del lector…”


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